Esperando el título-Instalación, 2008-2009
"De acuerdo con Platón, vivimos encadenados dentro de una caverna oscura. Estamos encadenados de forma que no vemos nada más que la pared del fondo de la caverna. Lo único que vemos son las sombras que se mueven allí. Podrían ser las sombras de algo que se mueve fuera de la caverna. Podrían ser las sombras de gente encadenada a nuestro lado.
Tal vez lo único que todos podemos ver es nuestra propia sombra.
Carl Jung llamaba a esto juego de sombras. Decía que nunca vemos a los demás. Que en realidad solamente vemos aspectos de nosotros mismos que se proyectan sobre ellos. Sombras. Proyecciones. Nuestras asociaciones"-Chuck Palahniuk

Detalle de la instalación en La Quiñonera. Técnica:
montaje mixto sobre piso, collage e iluminación. Materiales: Soldaditos de juguete de plástico de
diferentes escalas, posiciones, calidades y colores, soldaditos de papel
recortados a escala, collage del periódico del día del montaje previamente
intervenido, plastilina de diversos colores, piedras volcánicas y costales de
arena o tierra. Peso estimado: 25-120kgs. (de acuerdo al
espacio y la intervención que se pueda realizar en el sitio donde se presente).

Planteamiento:
Se propone la posibilidad de transitar un camino en
espiral a partir de jugar con la acción de desplazamiento del espectador/a a
través de un laberinto con una sola entrada y salida, una fuente de luz, las
sombras que se perciben durante el tránsito por el laberinto y las posibles
referencias y asociaciones con los soldaditos de juguete a escala de diversos tamaños,
sus posiciones, formas y colores.
La instalación se activa al
poner en juego al transeúnte con su recorrido y la idea de buscar un título que
espera la pieza dentro de su escala personal de valores e interpretaciones.
Sugiere a partir del juego posibles representaciones del mito cultural y
estructural vía los “muñecos o figuras de acción”, usándolos como referente
de construcción de la identidad
masculina en el imaginario asociado a la fuerza y la violencia. Una referencia
actual de la cultura patriarcal e imperialista occidental.

En muchas culturas el
laberinto es una figura y un espacio de transformación y de meditación de la
vida, un espacio de trascendencia. En otras se concibe como un trayecto de
procesos simbólicos del conocimiento, un tránsito de vida y muerte que
representa en ocasiones procesos de sanación o resolución de conflictos.
La invitación está en hacer
un recorrido a través de estos referentes normalizados o entendidos desde “la
naturalización” y “erotización” de “la guerra, el combate y la acción” que son
parte a su vez de: estructuras de género y dominación, la noción mítica del
conocimiento a partir de la imagen de la “luz en la caverna” y la figura del laberinto
de gnosos. Esperando que cada quien
lo titule como crea necesario o lo suponga conveniente.
La pieza propone a quien se
interne desplazarse hacia el interior, hacia el centro del laberinto y regresar
en su camino. En el trayecto entre la luz, la sombra y los soldados se puede
conectar con diversas reflexiones cíclicas a partir del reencuentro con un
juguete multiplicado en número, posición y color. Usando como pretexto la
referencia de los guiones sociales y culturales con el anclaje de los “juguetes
para niños pequeños” oscilando con nociones que construyen los valores y
guiones personales y estructuras
de competición.
Descripción de la obra:
Laberinto con soldaditos de juguete de diferentes
escalas, colores, formas, calidades y facturas dentro de una especie de piscina
en desuso (la cual supone a su vez una caverna rocosa o una gruta). El espacio utilizado
como almacén y basurero indeterminado está situado justo debajo de la casa de La Quiñonera a manera de un medio sótano.
En una esquina de la caverna
simulada se colocó una fuente de luz al ras del suelo que proyecta la sombra de
los soldaditos a la altura de los pies de los transeúntes que se internan en el
laberinto. Al recorrer el trayecto las personas van tapando
momentáneamente las sombras de los
soldaditos con su propia sombra, integrándose en el paisaje de la instalación y
las figuras de la pseudo-cueva.
Durante el recorrido las
personas pueden experimentar la transición de luces y sombras con el juego de
escalas de su propia sombra y la de los soldaditos de juguete, a momentos verán
su sombra proyectada, en otros momentos tendrán la luz en la cara en un
emplazamiento de juego para niños de 4 años en adelante.










